El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa cuya circulación volvió a despertar preocupación en Argentina, luego de confirmarse casos vinculados a viajeros no vacunados. Se transmite por vía respiratoria, gotas expulsadas al toser, estornudar o hablar, y puede permanecer activo en el aire o en superficies por hasta dos horas, lo que facilita su propagación.
Los síntomas iniciales suelen confundirse con un resfrío común. Entre 10 y 14 días tras el contagio, aparecen fiebre alta, tos seca, secreción nasal y conjuntivitis. También pueden manifestarse las llamadas “manchas de Koplik”: pequeñas lesiones blancas en la mucosa de las mejillas, uno o dos días antes del exantema. Luego, emerge el sarpullido: comienza en la cara, se expande al cuello y se extiende por el tronco y las extremidades.
En quienes no están vacunados, especialmente niños pequeños, adultos sin esquema completo o personas con defensas bajas, el sarampión puede derivar en complicaciones graves: neumonía, infecciones de oído, diarrea, deshidratación, e incluso encefalitis (inflamación cerebral).
La principal forma de prevenir la enfermedad es la vacunación con la dosis doble o triple viral. La cobertura debe ser alta para evitar rebrotes: con esquemas completos, la vacuna reduce en más de un 95% la posibilidad de infección.






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