El brutal femicidio de Lola Daviet, la niña de 12 años cuyo cuerpo apareció dentro de una valija en el patio de su edificio en París, volvió a sacudir a Francia y encendió un debate profundo sobre seguridad, control migratorio y responsabilidad estatal. 

El caso reveló con crudeza cómo Dahbia Benkired, una joven argelina de 24 años con una orden de expulsión vigente, pudo permanecer en el país, instalarse en el mismo edificio de la víctima y, finalmente, cometer uno de los crímenes más atroces registrados en la capital francesa.

La reconstrucción judicial detalló un calvario indescriptible: abuso sexual, torturas, mutilaciones y estrangulamiento, en un episodio que duró apenas 88 minutos y terminó con la pequeña Lola asfixiada y encerrada en una valija. Las pruebas fueron concluyentes: ADN, cámaras de seguridad y una confesión que mostró a la asesina sin remordimiento alguno, incluso jactándose del horror que había provocado. Las pericias psiquiátricas determinaron que Benkired comprendía perfectamente el alcance de sus actos y que su personalidad exhibía una “perversidad estructural” con alto riesgo de reincidencia.

Para la familia Daviet, el crimen fue el inicio de un derrumbe total. El padre de Lola, devastado por el dolor, murió al año siguiente a causa de un deterioro físico y emocional irreversible. La madre y los hermanos debieron cambiar de ciudad y comenzar un largo proceso terapéutico para intentar sobrevivir a la tragedia. Aseguran que nada devolverá la paz que perdieron aquel 14 de octubre de 2022, cuando Lola volvió del colegio sin imaginar que la esperaba un encuentro fatal dentro de su propio edificio.

El juicio concluyó en octubre de 2025 con una sentencia histórica: Dahbia Benkired recibió prisión perpetua irreductible, la pena más severa del sistema francés y muy pocas veces aplicada, nunca antes a una mujer. Para la familia, el fallo es justicia, pero no reparación. Su mayor dolor persiste en una certeza: si el Estado hubiera hecho cumplir la expulsión de la asesina, Lola estaría viva. Tres años después del crimen, París, para ellos, dejó de ser la ciudad de las luces para convertirse en un recuerdo insoportable.

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