Con la mira puesta en el calendario electoral, la dirigente de La Matanza encabeza un operativo de «fidelización» de militantes. La jugada apuesta a construir una base sólida que le permita al Ejecutivo provincial sentarse a discutir de igual a igual con la estructura camporista.
La interna del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires ha entrado en una fase de movimientos tectónicos. La vicegobernadora Verónica Magario ha decidido pisar el acelerador en su construcción política, lanzando una agresiva campaña de afiliaciones que busca reconfigurar el mapa de poder dentro del peronismo bonaerense.
Esta maniobra no es un hecho administrativo aislado, sino una señal política de alto voltaje enviada directamente hacia el corazón del kirchnerismo y La Cámpora. Al incrementar el volumen de su masa societaria y territorial, Magario intenta alterar la correlación de fuerzas existente para dejar de ser un actor de reparto en las decisiones partidarias.
El objetivo central de la ex intendenta de La Matanza es llegar a la inminente mesa de negociaciones en una posición de fortaleza. Si bien desde su entorno aseguran que la prioridad sigue siendo la unidad del espacio, la estrategia de fondo es clara: acumular capital político propio para evitar que la conducción, hoy en manos de Máximo Kirchner, monopolice el armado de las listas.
La recolección de avales y nuevas fichas de afiliación funciona como una herramienta de disuasión. Se trata de mostrar capacidad de daño y de movilización para obligar al sector más duro del cristinismo a abrir el juego y democratizar la toma de decisiones dentro de la estructura provincial.
Esta avanzada cuenta con el beneplácito tácito de la gobernación. Axel Kicillof necesita una estructura partidaria que respalde su gestión y le brinde cobertura política ante los embates internos, y es Magario quien ha asumido la tarea de construir ese dique de contención mediante el fortalecimiento de las bases.
Por ahora, la competencia abierta es una amenaza latente que sirve para tensar la cuerda. La dirigencia cercana a la vicegobernadora sabe que una ruptura total sería costosa, pero entienden que la única forma de negociar condiciones favorables es demostrando que están listos para ir a una interna si el kirchnerismo no cede espacios reales de poder.





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