Más de 3.000 establecimientos fabriles están en riesgo de cerrar durante 2024, según alertan fuentes del sector productivo. La causa principal es el derrumbe de la demanda, que ha dejado sin salida comercial a la mayoría de las industrias del país.

El cuadro es devastador. Maquinaria industrial, que alguna vez fue valiosa, hoy se vende como chatarra. Esta realidad refleja la magnitud de la parálisis productiva que existe. Empresas que invirtieron en equipamiento ahora enfrentan la liquidación de activos al precio más bajo posible, incapaces de mantener operaciones rentables.

El desastre laboral acompaña esta caída industrial. Miles de empleados pierden sus puestos mientras la demanda se contrae. El RIGI promete ser una solución generando nuevos empleos, pero los números hablan claro: los trabajos que este régimen podría crear no alcanzan ni a compensar un tercio de las pérdidas que genera el cierre de fábricas.

Esto significa que si desaparecen miles de empleos industriales, apenas una pequeña fracción tendrá chance de recolocarse en las oportunidades que ofrece el nuevo régimen de inversiones. La brecha es estructural y preocupante.

Sin intervenciones que reactiven la demanda interna, la tendencia seguirá su curso descendente. Los analistas prevén que el cierre de industrias continuará acelerándose en los meses venideros, agravando la situación de desempleo y vulnerabilidad social. La industria manufacturera argentina, históricamente generadora de empleos, enfrenta su peor momento en años, sin visos claros de recuperación a corto plazo.

Imagen: Willians Huerta / Pexels – Con informacion de Ámbito

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